Cada vez que se mira al horizante, somos capaces de sacar una peueña sonrisa o, bien, una lágrima. Cuando eso ocurre empiezas a pensar: "Es imposible que algo tan bonito, termine". Aunque no lo creas..es posible. Son esas pequeñas cosas de la vida las que te hacen darte cuenta de que todo tiene un final, que no hay nada que sea para siempre. O ¿Talvez sí?

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